Cuento numero 3

La chica de azul 
(Y. Torres) 


Aquella noche fría de diciembre, me encontré mirando la decoración de la cancha de la escuela, compuesta por bastones de navideños y arbolitos llenos de luces. Era baile de navidad y los chicos se movían desenfrenadamente al ritmo del reggaeton en la pista de baile. Estaba sentado en las gradas tomando un poco de vino el campeón, de repente miro hacia el otro lado de la cancha y ahí estaba ella. Con su hermosa sonrisa, solo podía pensar “no sonrías que me enamoro”. estaba sentada sola en una mesa. Sus preciosos ojos azules como el mar miraban hacia la nada y su rostro denotaba un poco de preocupación. 


Era la chica más linda y popular de la escuela, no lo digo porque es una rubia despampanante, sino por su dulce personalidad. Tan gentil y tan inocente, siempre ayudaba a quien lo necesitaba sin pedir nada a cambio, todo el mundo la amaba ¿Quién no lo haría? me enamoré de ella desde el primer instante en que la vi, lo sé sueno muy cursi, pero ella inspiraba esa sensación en mí. 

¿Por qué tan sola? - le pregunté, acercándome a ella. 
- Estoy esperando a mi pareja. 
¿Te ha dejado plantada? 


Ella me miró y sonrió de una manera que me dejaba sin aliento. Se había puesto un vestido azul para la ocasión, bastante discreto pero lo suficientemente sexy para que se notara su silueta delgada. No iba tan maquillada como las otras chicas, pero en realidad nunca lo necesitaba. Ella siempre tenía un aspecto brillante, incluso sin llevar una pizca de maquillaje. 


—Creo que sí —me contestó con una exhalación—. No sé de quién se trata. Pero alguien me dejó esta rosa en mi mochila, con una nota que decía: “Para la chica más bella de esta escuela, espero que algún día podamos tener una cita”. 

—Parece que alguien tiene un admirador secreto —le comenté. Morgan simplemente se sonrojó, bajó la mirada y sonrió con timidez—. ¿Te gustaría un poco de vino? —le dije. 

Ella asintió con la cabeza, mientras tomaba uno de los vasos que traía en manos. En tanto los otros chicos bailaban, nosotros estuvimos conversando y riéndonos hasta más no poder. Pero quince minutos más tarde, Morgan se tambaleó un poco y se llevó una mano a la cara.

 —¿Te sientes bien? —le pregunté. 
—No… no sé… —me dijo—, me siento un poco aturdida. 
—Ven, vamos a salir de este lugar para que tomes aire fresco —le dije mientras la ayudaba a levantarse.


 Se apoyó en mí y salimos al patio de la escuela. Ella intentó reponerse, pero fue envano. 

—Debería irme a casa —dijo, tambaleándose—. Tengo que llamar a mis padres, para que vengan por mí. 
—Yo puedo llevarte a tu casa si quieres —le dije, sosteniéndola una vez más. 

Se tambaleaba como si estuviera ebria, aunque ella no era capaz de tomar una gota de alcohol, a diferencia de todos esos chicos que estaban adentro. Creen que uno no puede darse cuenta de que ellos introducen Ron a escondidas.


 —¿Seguro que puedes? No te quiero causar inconvenientes —me dice Morgan.
 —No me molesta llevarte a tu casa, de todos modos, estaba por irme.

 Le ayudé a subir en mi carro y le coloqué el cinturón de seguridad. El corazón me latía con fuerza. No podía esperar para llevar a la chica más bella del colegio a casa. 

—Gracias, por ayudarme —murmuró, antes de perder el conocimiento. 
—Cualquier cosa por mi estudiante favorita- le susurre al oído y la bese.



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